Los grupos de compañeras encendidos cuando la noticia del desenlace del femicidio de Agostina estremece el cuerpo de muchas de nosotras. La angustia de saber que hoy es Agostina, que ayer fue Dulce y así suceden entre uno y dos femicidios por día en esta Argentina. Que pudo haber sido cualquiera de nosotras, de nuestras hijas, hermanas, amigas, estudiantes.
La indignación de escuchar cuestionamientos a la madre, y a lo que Agostina llevaba puesto, y cuántas cuentas tenía en instagram, en lugar apuntalar a los sospechosos de femicidas. La violencia brutal: el abuso sexual, un cuerpo descuartizado.
En el contexto de un gobierno nacional que vació las políticas de género, cuestionando la desigualdad que en este mundo existe entre hombres y mujeres.
En el contexto de un gobierno nacional que vació las políticas de género, cuestionando la desigualdad que en este mundo existe entre hombres y mujeres. Se llama patriarcado, estúpido. Desde el desconocimiento de que el cuidado es un trabajo, hasta las características específicas del crimen de femicidio, las políticas preventivas que son necesarias para erradicarlo, hasta la justicia que sí no actúa con celeridad, el desenlace es el mismo de todas las veces.
Hasta nos tuvimos que bancar que un fiscal haga gala del accionar de los perros como si el resultado de la investigación no haya sido un fracaso: el cuerpo de la piba sin vida.
Hoy la escuela y todxs quienes la hacemos, resiste: con agallas, con amor, con valentía, con presencia, con las herramientas que hay a mano.
El único aliento: las palabras de la preceptora y de la profesora de Agostina hablando de la vida hermosa que se perdió, enunciado los sueños de una piba que se hacen trizas, gritando la denuncia por la falta de políticas allí donde se prenden las alertas: en la escuela. Hoy la escuela y todxs quienes la hacemos, resiste: con agallas, con amor, con valentía, con presencia, con las herramientas que hay a mano. Con una pelea cuerpo a cuerpo para transformar esta realidad de crueldad por aquella en la que estas pibas puedan vivir.
LA AUTORA
