Baja de la natalidad: una oportunidad para mejorar el sistema educativo
Los gobiernos de la Nación y las provincias tienen las herramientas para llevar soluciones a las problemáticas profundas que se viven en las aulas.
Suele decirse que en Argentina la realidad supera a la ficción y que no hay respiro para poder pensar temas centrales o políticas de estado que superen la instancia de lo cotidiano. Sin embargo, hay un tema que nos está superando y no ocupa titulares de diarios, ni es eje de análisis políticos o de las editoriales periodísticas.
El informe “Cambios demográficos y demanda educativa en la Ciudad de Buenos Aires”, publicado en junio de 2024 por la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa (UEICEE), dependiente del Ministerio de Educación de la CABA, revela que “Argentina registra un fenómeno sin precedentes: una aceleración en la caída de la fecundidad que, desde que existen registros sistemáticos de este indicador, nunca se había dado de manera tan marcada. Entre 2014 y 2021 la Tasa Global de Fecundidad (TGF) descendió un 35% ubicándose en el valor más bajo en la historia del país y llegando por primera vez a niveles menores a la tasa de reemplazo”.
Este fenómeno es multicausal y así lo demuestran varios estudios demográficos. Las políticas que se implementaron desde 2003 en la prevención del embarazo adolescente trajo como resultado positivo la disminución en un 55% en la tasa de natalidad de los nacidos vivos con madres menores a 15 años. La escuela y la ESI fueron fundamentales en esta tarea que, lógicamente, trajo resultados positivos ya que la mayoría de las adolescentes no desean ser madres a edad temprana.
Más allá de estos datos que se pueden medir, y que son la consecuencia de las políticas que se aplicaron, la caída abrupta de la tasa de natalidad en la Argentina no se puede explicar sin tener una perspectiva que aborde cada una de las aristas que las puedan explicar. Una de las consecuencias de esta realidad es cómo afecta a la escolaridad esta baja de natalidad.
De 777.012 nacidos vivos en 2014 se pasó a 495.295 en el año 2022. Esta tendencia seguirá bajando hasta 2028, de acuerdo a estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Un conjunto de provincias supera el 40% en la caída de la natalidad, teniendo en cuenta el mismo período previamente mencionado. En ese rango se ubican Tierra del Fuego, Jujuy, Mendoza, Buenos Aires y Santa Cruz.
Una vez que se cuenta con un análisis cuantitativo de una realidad que afecta a la matrícula de las escuelas de nivel inicial y primario y que en pocos años impactará en el nivel medio, la pregunta es ¿cuáles son las políticas que están implementando o que están planificando los gobiernos provinciales y el gobierno nacional?
No existe una sola respuesta, aunque sí se puede afirmar que no es un tema central en el ámbito del Consejo Federal de Educación, ni en los discursos de ministros y ministras de las distintas provincias.
Una de las políticas implementadas en el período 2003- 2015 por el Gobierno nacional fue la construcción de 1000 escuelas, una meta que posteriormente se duplicó. Esta política claramente respondía a una demanda: se necesitaban más escuelas porque había más estudiantes y la inversión directa de un Ministerio de Educación nacional que recuperó su importancia tras el abandono de los edificios escolares en la década del ‘90, cuando el expresidente Carlos Menem transfirió sin fondos la educación a las provincias que, ahogadas económicamente, sostuvieron como pudieron el funcionamiento del sistema educativo.
Las aulas superpobladas ya no representan un problema como en décadas anteriores. Hoy las escuelas tienen nuevas problemáticas, tales como la diversidad de los y las estudiantes que la habitan cotidianamente. Este escenario incluye a docentes que no cuentan con las herramientas para abordarlas. Niños y niñas con diversidad de diagnósticos, déficit atencional, distintos tipos de autismo, síndrome oposicionista negacionista, ansiedades, entre otros.
Ninguno de estos diagnósticos fue parte de la formación docente y por lo tanto dificulta la enseñanza y también el aprendizaje. Sin embargo, resulta posible decir que la realidad plantea una oportunidad para la escuela, y este nuevo desafío necesita de una diversidad de actores para acompañar los procesos de aprendizaje de los y las estudiantes.
Deben ser los distintos gobiernos provinciales y el Consejo Federal de Educación quienes empiecen a pautar políticas públicas para abordar este nuevo desafío.
Si las aulas tienen menos estudiantes es momento de orientar el trabajo de los docentes mediante la implementación de parejas pedagógicas. En cada escuela tiene que funcionar un equipo interdisciplinario para abordar las individualidades de los y las estudiantes y abordar junto con las y los docentes las adaptaciones curriculares necesarias para cada una de estas particularidades.
La formación de los nuevos docentes debe incluir una nueva mirada, abordando las diversidades y brindando nuevas herramientas para afrontar nuevas problemáticas.
Es también central que los distintos ministerios brinden capacitación en horario laboral para los docentes que hoy están frente a los grados y se ven desbordados por la falta de experiencia.
Es momento de abordar la inclusión como una problemática central de los ministerios y no como una acumulación de estudiantes con situaciones problemáticas dentro de un aula.
La baja de la natalidad es la oportunidad de mejorar el sistema educativo, la formación docente y las problemáticas del aula. Los distintos gobiernos tienen en sus manos la posibilidad de aprovecharla o dejarla pasar.
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