Un informe del Instituto Universitario CIAS y Fundar, titulado “Escuelas desbordadas. Criar, crecer y educar en barrios populares”, publicado en abril de este año, afirma que las escuelas públicas en los barrios del Área Metropolitana de Buenos Aires atraviesan una crisis profunda.
El trabajo elaborado por Gonzalo Elizondo y Daniel Hernández combina encuestas a más de 600 jóvenes y 450 cuidadoras con entrevistas en profundidad a alumnos, madres y trabajadores de 15 escuelas bonaerenses ubicadas en Km 13 (Quilmes), Barrio Ejército de los Andes, conocido como Fuerte Apache, (Tres de Febrero), San Ambrosio y Barrio Mitre (San Miguel) y Villa 15 / Ciudad Oculta, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
El diagnóstico indica que las escuelas ya no son solo espacios de enseñanza y se convirtieron en el último refugio de contención en territorios donde las familias están sobrecargadas, los servicios sociales fallan y la idea de que “estudiando se puede progresar” se desdibuja día a día.
LOS DATOS QUE MARCAN LA CRISIS
Según la encuesta, el 42% de los jóvenes de 19 a 24 años ya abandonó la escuela y entre los que todavía asisten, el 59% presenta sobreedad. De ellos, el 26% tiene más de dos años de atraso.
Estas cifras no golpean por igual en todos lados. En barrios con mayor fragilidad, como Fuerte Apache o Ciudad Oculta, los testimonios reflejan deserción más temprana, violencia cotidiana y consumos problemáticos. En Km 13 (Quilmes), por ejemplo, pesa más el trabajo infantil y el cuidado de hermanos menores, que obligan a faltar clases.
Uno de los hallazgos más alarmantes es el estado emocional de los adolescentes: el 52% reportó haber sufrido ansiedad, el 37% mencionó depresión, el 51% dice que la mayoría de sus amigos consume drogas y el 15% reconoce alguna adicción propia, actual o pasada.
Los equipos de orientación escolar lo viven en carne propia. Con apenas dos profesionales para 600 o más alumnos, operan en “modo bombero”: atienden crisis diarias de autolesiones, agresiones, ideas suicidas y consumos.
El diagnóstico indica que las escuelas ya no son solo espacios de enseñanza y se convirtieron en el último refugio de contención
El informe sostiene que los turnos en salud mental pública tardan meses, y la escuela termina absorbiendo lo que el sistema no resuelve. Esta crisis no solo afecta el bienestar individual; interrumpe clases, genera violencia entre pares y desgasta a docentes y directivos que terminan ejerciendo roles de psicólogos y asistentes sociales sin los recursos necesarios.
Los educadores describen tres perfiles que conviven y muchas veces chocan en las mismas aulas. Están los “comprometidos”, que son una minoría que quiere estudiar y tiene algún proyecto de futuro, pero que se ve afectada por el clima general. Los desconectados son quienes asisten, pero están apáticos, con el celular o “como zombis”. Finalmente describe a “los conflictivos”, que reproducen en la escuela las lógicas de la violencia y los consumos de afuera.
Lo que diferencia a estos jóvenes no es la inteligencia ni las ganas, sino las condiciones de vida: familias fracturadas, ausencia de adultos de referencia, trabajo desde los 14 o 15 años y exposición temprana a drogas y violencia. “Los chicos están solos”, repiten docentes y directivos.
LAS VOCES DE LOS BARRIOS
En Km 13 y Fuerte Apache, las madres relatan la misma angustia: “Trabajo 10 o 12 horas y llego sin dar más”. Muchas terminan dejando a los adolescentes al cuidado de hermanos menores o expuestos a la calle. “Los chicos están solos”, coinciden.
Otra madre describe: “Dos chicos de la misma escuela lo agarraron a mi hijo con una navaja para sacarle el celular”. “Te cambio la Asignación Universal por Hijo por una escuela más segura”, agrega otra.
“Terminá el secundario para poder ser alguien en la vida”, insisten las familias. Sin embargo, una docente sintetiza el cambio: “Los chicos no se imaginan un futuro, entienden que, estudien o no estudien, su vida va a ser la misma”.
“La escuela es la mayor institución del territorio”, dice una directora. Pero otra profesora va más allá: “A veces hasta siento que esto es una estafa para los pibes, no les estamos dando los insumos que cualquier persona necesita para enfrentar la vida”. “Estamos viendo pibes que están muy mal, muy mal”, relatan los equipos de orientación.
ESCUELAS QUE HACEN MUCHO Y NO RESULTA SUFICIENTE
Además de enseñar, las instituciones distribuyen alimentos, median conflictos familiares, gestionan turnos médicos y denuncian abusos. Una directora lo resume sin vueltas: “No hay una sola semana que tenga todas las horas cubiertas”.
El mensaje central del informe sostiene que las instituciones educativas y los plenteles docentes cargan solas con lo que debería ser una responsabilidad compartida de la sociedad. El texto sostiene que el deterioro de las “tramas de crianza”, con familias sobrecargadas, servicios debilitados, y barrios segregados, llega al aula y la desborda.
Entre sus conclusiones más fuertes, el trabajo, indica que cuando los jóvenes dejan de creer que estudiar marca una diferencia real, se rompe algo esencial en la promesa igualitaria que sostuvo al país durante décadas.