*Artículo realizado desde el Departamento de Ciencias de la Educación de Filosofía y Letras de la UBA
Con la excusa de iniciar las ACAPs (Actividades de Aproximación al Mundo del Trabajo y continuidad de Estudios Superiores), el GCBA llevó a estudiantes de 5to año de escuelas públicas y privadas al Estadio Movistar Arena para contarles de qué se trata esta línea de formación vinculada al amplio mundo del trabajo. Lo que iba a ser una salida educativa terminó en un espectáculo obsceno de adoctrinamiento, fomento del emprendedurismo, del éxito individual y del sálvese quien pueda.
Entre los oradores estuvo Martín Migoya, CEO de Globant, quien es reconocido por su apoyo al plan económico del gobierno que incluye el desfinanciamiento de la educación pública y el vaciamiento estatal como estrategia para eliminar el déficit fiscal. Fue un show en el que no faltó la bandera de EEUU cómo imagen de fondo, sponsors de empresas y propaganda (con mucho merchandising de regalo) de universidades privadas que sorteaban becas para estudiar en esas instituciones.
En ningún momento se mencionaron las ACAPs, ni la posibilidad de continuidad de estudios superiores y menos a las Universidades Públicas. Tampoco había docentes en el amplio escenario, no se mencionaron las escuelas ni los contenidos que en ellas aprenden los chicos. Sólo se sucedieron animadores en nombre de Endeavor (comunidad de emprendedores de alto impacto a nivel mundial) que se enfocaron en la educación financiera porque, en realidad, no era una experiencia educativa sino un espectáculo denominado Endeavor Sub20 al que llevaron a los chicos con el “gancho” de que iba a estar una cantante muy famosa entre los adolescentes, quien en definitiva fue la única que dejó un mensaje potente a los estudiantes secundarios.
El escándalo se generó cuando subió al escenario Ariel Sbdar, CEO de la empresa Cocos. Esta persona es conocida en las redes sociales por jactarse de tener la fórmula para hacer dinero sin trabajar y sólo sabiendo invertir. Su propuesta se basa en la meritocracia y el individualismo. Ha apoyado públicamente el emprendimiento presidencial de la criptomoneda Libra, hoy judicializado por ser una mega estafa a nivel internacional. Este hombre dijo frente a los jóvenes que no hace falta estudiar carreras como las que se estudiaban hace 20 años porque hoy no sabemos qué va a pasar y entonces frente a la incertidumbre lo importante es saber invertir bien el dinero. Lo que se desprende de este y otros dichos que lanzó desde el escenario, es que el trabajo no tiene valor, que estudiar no sirve en estos tiempos y que este evento les iba a enseñar a usar las herramientas para ser inversores inteligentes.
Lo más grave es que los estudiantes fueron al evento porque los mandó el Ministerio de Educación de la Ciudad con la excusa de comenzar las ACAPs y los padres lo permitieron porque era una actividad educativa. La mayoría de los jóvenes que asistieron engañados al evento se dieron cuenta de lo que sucedía, de quién se trataba y hacia a donde apuntaba el espectáculo. Así comenzaron los abucheos, los silbidos y el cántico “La Patria No Se Vende”, todas cuestiones que llevaron a que Ariel Sbdar se retirara rezongando contra los jóvenes por no escuchar su presentación y acusándolos de irrespetuosos a ellos. Pero, ¿de qué respeto hablamos? ¿de los modos o del contenido del mensaje? Tal vez habría que ver si la falta de respeto fue decirles fanáticos a los chicos cuando entre abucheos le gritaron vende patria a quien intentaba adoctrinarlos.
Otro punto, tal vez más importante, es cómo se dieron cuenta los jóvenes de la dirección que tomaba la actividad. Puede ser que sean las charlas en familia y/o en las escuelas, o viendo lo que ocurre con la situación socio laboral que los rodea a ellos, a sus padres y a sus vecinos desde hace más de dos años, etc. Puede haber una o varias explicaciones, pero sin duda fue la capacidad de razonamiento lo que los llevó a resistirse a ser tomados por ingenuos.
No tuvieron en cuenta que los chicos del secundario piensan y reflexionan, que conocen de historia y economía, que se dan cuenta cuando les dicen que hay una sola forma de pensar
El mensaje era que lo común no sirve, que cada uno debe llegar sin mirar a los que quedan en el camino, que se logran los sueños compitiendo sin que nada más importe. Pero no tuvieron en cuenta que los chicos del secundario piensan y reflexionan, que conocen de historia y economía, que se dan cuenta cuando les dicen que hay una sola forma de pensar y que existen verdades únicas. Y lo que es más gravé aún, subestimaron la capacidad pedagógica de la escuela y sus docentes para enseñarles a preguntar, a leer y cuestionar.
Estos jóvenes fueron testigos presenciales (tal vez sin darse cuenta) de la capacidad que tienen las corporaciones para instalar en el sentido común cuestiones que sólo benefician a los sectores concentrados de la economía (minorías), intentando naturalizar recetas mágicas que sólo enriquecen a muy pocos y dejan en el camino a las mayorías. Para este gobierno la inclusión y la justicia social son aberraciones simplemente porque resaltan el valor de los derechos y de lo colectivo por sobre el capital económico individual que, en definitiva, es el que le da libertad de elegir sólo a los que más tienen.
La libertad sin igualdad no es libertad, es privilegio para pocos. Y es ahí donde el papel del Estado, tan denostado en estos tiempos, es central generando políticas públicas de integración social en el marco de un proyecto productivo nacional.
No nos alcanza con criticar estas ideas elitistas de las grandes corporaciones y de los economistas que avanzan en la dirección de los mensajes del evento del estadio. Eso es sólo un comienzo porque tenemos la responsabilidad de desnaturalizar las miradas que culpabilizan a las personas por su situación ocupacional en momentos en que el ajuste fiscal, la desindustrialización y el endeudamiento permanente son la norma.
Desde la Carrera de Ciencias de la Educación de la UBA criticamos lo sucedido pero también proponemos alternativas. Entendemos que hace falta construir un proyecto pedagógico estructural de vinculación de la educación con el mundo del trabajo en diálogo con los sectores de la producción y con las Universidades Públicas, que articule la formación docente con la realidad socioeconómica del territorio, el saber práctico y disciplinar con la reflexión crítica, el conocimiento de los derechos y deberes con la capacidad de organización de los trabajadores y, sobre todo, poner en debate el significado del trabajo en toda su complejidad y no acotado al empleo o, más grave aún, a la “timba financiera”, tal como se intentó inculcar en el evento del Movistar Arena. Esta articulación de lo educativo/formativo con el mundo del trabajo sólo tiene sentido si está contenida en un proyecto político y productivo de desarrollo nacional que incluya a todos y todas en el marco de los derechos sociales. Para ello, es un imperativo cultural y educativo desnaturalizar los discursos economicistas basados en el individualismo y la competencia que, desde la última dictadura cívico militar, se instalaron en la vida cotidiana sobre el lugar de la escuela.
Hemos avanzado, pero no alcanzó y hoy vuelven a instalarse los mismos argumentos que señalan al mérito como la clave del éxito personal invisibilizando las otras variables que condicionan diferencialmente a las personas para ejercer los derechos a la educación y al trabajo. Las instituciones educativas son espacios para construir lazos sociales entre realidades diferentes creando comunidad, son lugares para que los jóvenes tomen contacto con los contenidos y disciplinas que tal vez nunca tengan la oportunidad de conocer si no pasan por las aulas. Y, sobre todo, las escuelas son la oportunidad de pensar y así saber elegir dónde y cómo posicionarse frente a discursos que instalan el pensamiento único.
Hay que recuperar y profundizar este debate en cada aula, en cada mesa de café, en cada invitación que les hagamos a los jóvenes para pensar su futuro tanto como ciudadanos como y trabajadores en un mundo cada vez más complejo pero que vale la pena hacerlo más habitable
Hace falta construir un proyecto pedagógico estructural de vinculación de la educación con el mundo del trabajo en diálogo con los sectores de la producción y con las Universidades Públicas
QUÉ SON LAS ACAPS
Se trata de actividades de aproximación al mundo del trabajo con perspectiva educativa que se realizan en horario escolar trasladando a los jóvenes a un contexto laboral donde pueden relacionar lo que aprendieron en la escuela con ese tipo de trabajo. Cada escuela tiene una orientación diferente y por ello los espacios del mundo del trabajo y de los estudios superiores donde concurren los jóvenes para realizar las ACAPs son diversos.
En síntesis, constituyen una posibilidad de acercamiento al mundo del trabajo desde una perspectiva pedagógica. La Ciudad de Buenos Aires hizo una adaptación de esta propuesta denominándola ACAP cuya primera versión recibió fuertes críticas desde el campo pedagógico por soslayar los aspectos educativos del vínculo educación – trabajo ponderando los valores del mercado como la competencia, el individualismo y el disciplinamiento del trabajador.
Las ACAPs, en muchos casos, pierden la esencia educativa de la formación para el trabajo y se transforman en un entrenamiento para el saber hacer. Si bien hubo cambios en la propuesta, no fueron de índole pedagógica en tanto mantienen una perspectiva de “habilidades para el futuro” cuyo sustento es la empleabilidad y el emprendedurismo. En definitiva, la idea es potente pero la implementación en CABA es tendenciosa y dista mucho de ser educativa.
LOS AUTORES
