Durante más de una década, el docente y escritor Horacio Cárdenas registró diversas situaciones de su experiencia en el aula con niñas y niños que terminaron dando sustento a una suerte de marco teórico de abordaje de la enseñanza que busca romper con una lógica que aparta a los sentidos, entre ellos la mirada en su dimensión más completa, para así recuperar un modo de enseñar que quedó oculto tras los brillos de la inmediatez, la lógica de las redes y la cultura de lo efímero.
Ocurrió que lo que originalmente estaba pensado como una herramienta de construcción profesional, un “instrumento de reflexión” para aportar a la práctica educativa, terminó siendo una compilación de escritos que convocan a recuperar la capacidad de asombro “entendiendo que a mirar mejor se aprende y que enseñarlo es tarea esencial de la escuela”.
El resultado fue el libro de reciente publicación La escuela de la mirada (Siglo XXI editores, 2026), en el que Cárdenas propone “repararnos un rato, apartarnos un rato del mundo y del ruido del mundo y de la necesidad de rendimiento; de la excitación permanente para mirar, para darle tiempo a la mirada y a la mirada colectiva acerca de eso, de una pequeña porción del mundo que puede pasar desapercibida por andar corriendo tanto”.
En diálogo con Educación Debate, el también autor de Los chicos toman la palabra (Siglo XXI, 2022), comparte que el planteo es ir contra una lógica de la época, "un modo de vivir y de ser y estar de la época donde se privilegia la inmediatez, el salto inmediato, ¿no? La multitarea, la sobreinformación, justamente”.
“Es muy difícil elaborar un pensamiento articulado, un razonamiento complejo, si no se hace la pausa, si no se propone una demora”
El proyecto de Cárdenas implica llevar al aula una propuesta sensorial que permita recuperar el tiempo necesario para el pensamiento. “Es muy difícil elaborar un pensamiento articulado, un razonamiento complejo, si no se hace la pausa, si no se propone una demora”, explicita el autor que considera que se ha perdido “ese privilegio de lo sensorial, de lo comunitario, de lo colectivo, de la congregación de miradas, de la oportunidad que la educación, el sistema educativo, trabaje en grupos”.
Frente al avance de la cultura de la inmediatez, de las ofertas de “packs ilimitados”, la escuela parece haber perdido sentido. “Nunca va a poder competir con la velocidad de las redes sociales, con la velocidad y lo ilimitado de la banda ancha, pero no tiene que competir”, señala Cárdenas.
“¿Qué ocurre cuando detenemos el barullo externo para observar, con todos los sentidos, una simple piedra?"
“¿Qué ocurre cuando detenemos el barullo externo para observar, con todos los sentidos, una simple piedra o el movimiento de un caracol? En el aula convertimos una astilla del mundo en el centro de una ronda atenta que desafía el imperio de los relojes”, se propone en la reseña del libro.
En sus páginas se pueden leer diversas experiencias que remiten a esta propuesta del autor y cómo la experiencia de los sentidos contribuyó a la comprensión y al conocimiento. La escena del Palo borracho, en que una niña “descubre” el árbol en la puerta de su casa que en realidad estaba allí desde años atrás y se percató de su existencia luego de una clase sobre palos borrachos, muestra ese ida y vuelta de lo sensorial a lo cognoscitivo.
O cómo la contemplación de unas cucarachas “mascotas” concita la atención no solo de toda un aula, sino también de otros compañeros de otras aulas convirtiendo el espacio áulico en un evento de dimensiones culturales en todo sentido donde aparecen nuevas preguntas, nuevas inquietudes y las relaciones se multiplican como los huevos de esos insectos que sin el asco natural que provocan, al contrario generan un interés mancomunado que parece inesperado.
Cárdenas explica que estas escenas fueron captadas en la escuela primaria, mayormente en la escuela 15 del distrito 13 de la Ciudad de Buenos Aires, donde ejerce la docencia, “con niños y niñas, de los nutridos grupos de esta escuela”.
En el libro, estas situaciones “son relatadas, no como simple anécdota, sino que son reflexionadas, puestas a ser analizadas y desde ahí, desde esa reflexión sobre la experiencia, ofrecer estos conceptos, estas ideas sobre una pedagogía, o una propuesta para que la escuela enseñe a mirar el mundo, a mirarlo más profundamente y a también si se desea a animarse a transformarlo, ¿verdad?”.