Roxana Perazza reflexiona sobre la violencia: “No es un tema solo de la escuela”

Directora General del Derecho al Desarrollo Humano de la Defensoría del Pueblo de CABA, investigadora y docente, analiza los hechos recientes, sus diversas causas y posibles abordajes.

Roxana Perazza reflexiona sobre la violencia: “No es un tema solo de la escuela”

“Este no es un fenómeno de la escuela, se da en la escuela. Las escuelas hoy están bastante solas y sin embargo todavía son un gran espacio de encuentro”, dijo Roxana Perazza, directora General del Derecho al Desarrollo Humano de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. Fue durante un encuentro de la Comisión de Educación de la Legislatura, que convocó a estudiantes, docentes y especialistas para abordar lo que está pasando en las escuelas porteñas atravesadas –igual que las del resto del país- por amenazas de tiroteos, retos de Tik Tok que incitan a la violencia y el dolor por el reciente ataque fatal en una secundaria santafesina de San Cristóbal.

En diálogo con Educación Debate, Perazza profundiza su análisis y advierte que aún no hay conclusiones cerradas: “Es muy difícil de leer el fenómeno. Todavía tengo la necesidad de seguir pensándolo. Hay algo que nos quieren decir chicos y chicas”, comparte la licenciada en Ciencias de la Educación (UBA), especialista en Políticas Públicas (FLACSO), subsecretaria de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (2000-2003) y secretaria de Educación (2003-2006), además de investigadora y docente. 

-¿Cuál es el primer análisis que surge de la seguidilla de amenazas de tiroteos en escuelas? 
-Creo que hay algo de efecto contagio. Me parece que es un fenómeno que se da en la escuela, pero que no es de la escuela. Hago esa diferencia, que no es solamente gramatical: ubica al tema en un contexto más global.

-¿Se le atribuye a la escuela una violencia más generalizada? 
-La escuela sola no puede. No es un tema solo de la escuela. La escuela es quizás es el lugar más cercano que tienen los adolescentes para manifestar algo. No estoy de acuerdo con focalizar toda la mirada sobre la institución. Es muy difícil de leer el fenómeno. Es casi una sensación de que todavía tengo la necesidad de seguir pensándolo. Hay algo que nos quieren decir chicos y chicas. También nos dicen que en la mayoría de los casos la escuela sigue siendo un lugar significativo.

"La tendencia es a mirar y a estar preocupados por los adolescentes, pero también los adultos estamos inmersos en el celular, escuchamos poco, acompañamos menos."

-Durante el debate en la Legislatura exhortó a los adultos a hacerse cargo de su rol, ¿qué implica ese mensaje? 
-Hay algo de la mirada, del acompañamiento del mundo adulto, que nosotros como adultos responsables tenemos que repensar. Si no, tendemos a criminalizar la conducta de los chicos. Si nos miramos un poco, uno no está ajeno a ese mundo digital, ni a vivir en entornos virtuales. La tendencia es a mirar y a estar preocupados por los adolescentes, pero también los adultos estamos inmersos en el celular, escuchamos poco, acompañamos menos. De repente nos asustamos –y está bien- por estas situaciones, pero con el susto no hacemos nada. 

-¿Pensar en el mundo adulto implica pensar en responsabilidad tanto de docentes como de familiares?
-Cuando hablo de mundo adulto hablo de las familias, de las escuelas, pero también de los medios y por supuesto del poder político. En términos de las familias, es repensar cómo estamos acompañando a chicas y chicos en la vida cotidiana. Desde la cuenta de Instagram de la Defensoría se difundieron orientaciones para familias. Soy del ámbito educativo, pero me parece que las escuelas ya están sobreorientadas, hay que reforzar a otros actores.

-En otras épocas hubo repetición de amenazas de bomba y distintas expresiones de violencia que también llegaron a las escuelas, ¿qué particularidad tiene esta etapa?
-Siempre supimos que existía el efecto contagio. Pero me parece que acá hay algo de lo espectacular: del espectáculo que se monta. Algo para sembrar terror. No creo para nada que el que escribe en el baño sea el que siembra terror, sino determinadas plataformas que responden a otra lógica. Tal vez una chica o un chico lo recoge por una determinada situación. Hay que entender por qué, pero los que están haciendo esto son otros, del mundo adulto.



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-Las amenazas dieron lugar a denuncias judiciales y en muchos casos se puso el foco en los autores materiales, ¿considera que el eje no pasa por ahí?
-No quiero infantilizar ni sacar responsabilidad al chico que lo hace. Es grave. Pero también la experiencia indica que el punitivismo no es una medida que resuelva estas cuestiones de manera estructural. Puede ser tranquilizador por un tiempo y puede el tomador de decisión sentir que instaura ley y orden, pero me parece que no es por ahí. Necesitamos más miradas, un abordaje interdisciplinario. Tampoco se puede mirar solo desde lo educativo. Hay otros factores que intervienen. 

-¿Hace falta más interacción escuelas-familias?
-Más conjunto, más colaboración, más dialogo, con menos violencia. A pesar de que hay distintas responsabilidades, se supone que unas y otras trabajan en pos del bienestar de chicos y chicas. ¿Qué quiere decir ese bienestar? En principio, que tengan una mirada, una escucha atenta y respetuosa por parte del mundo adulto. Y que no sea algo módico, de ahora. Eso hay que sostenerlo. Me parece que nosotros como sociedad tenemos que mirar también los medios de comunicación. Ya sabemos que viralizar esos mensajes no sirve, porque fomentan efecto contagio. Creo que hay que hablar, pero no es necesario exhibir, fomentar la viralización. Ni de las fotos de amenazas, ni de los chicos, ni altos niveles de exposición de las escuelas. Me parece que hay que cuidar más. Las familias y la escuela tienen que hablar. Hay cierto lazo que está un poco diluido para mi gusto en los últimos años. Tal vez esta sea una buena oportunidad para reestablecer ese vínculo. Ya sabemos que la escuela sola no puede.

"Estamos en un contexto político que promueve y habilita el maltrato, el insulto, el desprecio por el que piensa distinto, la falta de respeto."

-Incluyó entre los adultos responsables a quienes están al frente del poder político: ¿qué rol les atribuye en este contexto?
-Me parece bastante fuerte el poder habilitante que tienen algunos tomadores de decisiones en el sentido de lo que se puede decir y hacer. Y me preocupa que eso esté tan presente. Pareciera que estos tomadores de decisiones, como el Presidente y el Poder Ejecutivo en algunos casos, no se dan cuenta del impacto en instituciones como las educativas. También se habilita el maltrato a médicos en hospitales, por ejemplo. Es un clima de época muy adverso para los jóvenes. Estamos en un contexto político que promueve y habilita el maltrato, el insulto, el desprecio por el que piensa distinto, la falta de respeto. No estoy haciendo una lectura lineal. No digo que por un presidente con ese método pasan estas cosas. Pero hay un clima político que es habilitante. Es un factor más que interviene y es preocupante. Los tomadores de decisiones son parte del mundo adulto. No solo tienen que dar el ejemplo, sino también marcar rumbo y direccionalidad. El rumbo que marcan hoy es contrario a lo que se espera que la escuela y las familias promuevan. El respeto, la escucha. Me parece que los tomadores de decisiones tienen que posicionarse críticamente frente a plataformas y meterse en su regulación. Eso implica tocar intereses, pero si la idea es proteger hay que hacerlo. La protección no solo tiene que ver con lo discursivo, sino con la traducción en encuadres normativos que vayan en ese sentido.

-¿Qué opina de las medidas como prohibir las mochilas o penalizar a padres y madres de adolescentes que cometen amenazas, como pasó en distintas provincias?
-No estoy habilitada para decir si sirven o no, pero me parece que no. Que es un parche, es centrar la mirada en culpabilizar a los adolescentes. Menos cámaras, menos detectores de metales. Más tratar de entender qué les está pasando. Desde una postura punitivista, no. Es el peor lugar en el que nos podemos poner. Tampoco ir contras las familias. No ayuda a entender conductas ni actitudes, ni a la reflexión y el cambio. Tratar de entender implica más trabajo. Poner una sanción pareciera que resuelve el tema, y la verdad que no. Ya lo sabemos. Puede ser muy efectivo, puede salir en los diarios como mano dura. Pero creo que no sirve. No es un espacio de aprendizaje. Los chicos están pidiendo ‘escuchen, mírennos, acompáñennos’. No estoy infantilizándolos, pero me parece que en algún punto están muy solos y solas. Y me preocupa que quede asimilada la escuela como lugar de no cuidado.



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