Fecha: 17-01-2026

Docencia animada: de la burla descarada a referentes que inspiran

Desde hace más de cien años, maestras y maestros aparecen reflejados en un abanico de dibujos animados que exponen la mirada de la sociedad sobre el rol de las y los educadores.

Docencia animada: de la burla descarada a referentes que inspiran

Los dibujos animados y la docencia tienen muchísimo más en común de lo que se suele pensar. Si nos adentramos en la historia de la animación encontraremos múltiples ejemplos de cómo maestros y maestras son caricaturizados. Desde los principios de este arte, que siempre tuvo mucho que ver con lo lúdico, las aulas han sido fuente de inspiración para los creadores. Esta tendencia se constata a lo largo de las décadas y se mantiene hasta nuestros días. Con el correr de los años, la burla más desenfrenada fue dando lugar a distintos homenajes (y también a críticas más elaboradas) dedicados a quienes se dedican a enseñar.

Si se analiza la historia de la animación estadounidense se constata que en los comienzos hubo varios ejemplos de maestras, generalmente ridiculizadas, aunque también hay lugar para algún caso más edificante. En varias de las animaciones clásicas de Walt Disney, de los hermanos Fleischer o de Walter Lanz, la escuela es el sitio de la acción. El gag suele consistir en alumnos que hacen travesuras y maestros que intentan disciplinarlos con los métodos de la época.

En la década del 20 y principios de los años 30 la animación estadounidense se manejaba con enorme libertad creativa, desarrollando dosis de violencia, surrealismo y sátira. Las burlas a los poderes autoritarios eran algo habitual en los dibujos de esa época. Maestros y maestras eran percibidos como parte de un dispositivo que buscaba introducir conocimientos a la fuerza en la cabeza de los estudiantes.

En “Alice in Dutch” (Alicia en problemas, 1924) -una serie creada por Disney que mezcla animación con actores-, una maestra mala y los libros de lectura, escritura y aritmética persiguen a la protagonista.

En “Teacher's pest” (La peste del maestro, 1931), Bimbo inventa una nota de su padre porque se quedó dormido y su maestro lo levanta del suelo de una patada, a traición. Al final del episodio, el docente vuelve a golpearlo a mano abierta.

Con el mismo título, “Teacher's pest” (1932), es un corto protagonizado por Oswald the Lucky Rabbit, el antecesor de Mickey Mouse, en el aula. Esa maestra-vaca, ante el desborde estudiantil, tampoco duda en dar nalgadas y hasta arroja un bloque de cemento a un estudiante que se había quedado dormido.


A partir de 1934 se impuso en Estados Unidos el Código Hays, una serie de normas de autocensura moral que rigió en Hollywood hasta los 60. Un reflejo de los cambios en la industria a partir de esta disposición fue “I Haven't Got a Hat” (No tengo sombrero, 1935), parte de las Merrie Melodies de la Warner Bros. Fue el debut y despedida de la primera maestra con nombre y que aparece en un rol positivo: Miss Cudd, para algunas fuentes una vaca, para otras es un búfalo. Cariñosamente conduce un acto escolar al que concurren las madres a ver a sus hijos actuar. No hacen falta ni castigos ni mandar a nadie al rincón. Aquí también hace su debut Porky Pig, como estudiante. Este personaje sí tendrá más futuro.

 

En 1938 una de las primeras estrellas de la animación, Betty Boop fue presentada en “Pudgy in the swing school” (Pudgy en la escuela de swing) como una docente de música. Betty fue el personaje más afectado por el Código Hays. Lejos de las primeras épocas cuando usaba pollera corta y era muy seductora, ahora es maestra que sigue siendo encantadora pero que, cuando el perrito no logra afinar, lo castiga a la vieja usanza. Aunque con menos violencia que sus antecesoras, también incluye en su manual de enseñanza golpes y el rincón con sombrero de los burros.

Tanto Tom como Jerry también ejercieron la docencia. Y sin violencia hacia los alumnos, aunque siempre entre ellos, como es su razón de ser. Cada uno de ellos en una oportunidad y con un solo alumno, en modo educación en casa con pizarrón, puntero, birrete para el gato y moñito para el ratón.

En “El profesor Tom” (1948) el incansable gato intenta enseñarle pizarrón, puntero y gorro académico mediante, a su alumno, el joven Topsy, a cazar ratones. Pero al alumno le interesa más hacerse amigo de Jerry.

Unos años después, en 1954, es Jerry el que enseña a Tuffy, un ratón que todavía usa pañales. Además de pizarrón y puntero tiene un aula con varios pupitres y material didáctico avanzado. Y lo manda al rincón con gorro de burro.

En 1952 Disney estrenó un episodio protagonizado por una de sus figuras estelares: “Teachers are people” (Los maestros son personas). Con ingenio y mucha paciencia a Goofy le toca lidiar con alumnos que andan armados y llegan a tirar una bomba en el aula.


Una década después, de la mano de la futurista “Supersónicos”, surge una docente que adelantó muchas discusiones: la maestra robot, Miss Brainmocker, tiene un alumno, Kenny Countdown, que en hora de clase se pone a ver en su reloj con pantalla incluida un capítulo de “Los Picapiedras” (1960).

A propósito, esta serie, también creada por Hanna Barbera, también incluyó una maestra, la comprensiva Miss Stonewall, cuando Pedro Picapiedras tiene que cursar sus estudios secundarios por una exigencia laboral.

LA ESCUELA DEL PRESENTE
En la animación contemporánea los personajes de maestros y maestras se multiplican. El caso más paradigmático está en “Los Simpson”, que mantiene mucho del humor corrosivo de la animación clásica y que continúa la tradición inaugurada por “Los Picapiedras”. La maestra de Bart, Edna Krabappel, es la más conocida. Cínica y agotada pero con algunos destellos de humanidad, es una muestra de cómo un sistema educativo desfinanciado puede vencer la ganas de enseñar de una persona. 

Algo parecido suele sucederle a otros docentes, como Elizabeth Hoover, maestra de Lisa, el de música Dewey Largo, que se enoja con la creatividad de los niños o Sygmur Skinner, más obsesionado en garantizar la apariencia de autoridad que en que la Springfield Elementary School, verdaderamente enseña. El que sí mantiene la llama de la docencia intacta es el Sr. Bergstrom, el sustituto de Hoover.

Por esa misma época, la Warner Brothers, en Cartoon Network, presentó los “Tiny Toons Adventures” (1990), donde los clásicos como Bugs Bunny, el Pato Lucas y compañìa son los docentes.

En esa misma señal encontramos un ejemplo de docencia positiva en una de las series que más impacto tuvieron: la Señora Keane, maestra en el jardín de infantes Pokey Oaks, a donde asisten las Chicas Superpoderosas.

La otra señal infantil icónica de los noventas, Nickelodeon, aportó varios docentes, como el querible Robert Simmons de “Hey Arnold” o Conroy Blanc, el maestro suplente de “Rocket power”.

Pero también en ese canal infantil hicieron su debut dos maestros desbordados, uno la Señora Puff que enloquece con su alumno “Bob Esponja, pantalones cuadrados” (1999) y Denzel Crocker, el maestro paranoico de Timmy Turner, de “Los Padrinos Mágicos” (2001). En una línea parecida, está Bernie Kropp, el profesor de Dash en Los Increíbles, de Pixar, famoso por su frase: “Coincidencia, ¡No lo creo!”.

En este influyente estudio hay otros casos, como el Sr. Raya de Buscando a Nemo, conocido por sus excursiones y canciones; la maestra de Riley que sueña con su piloto brasileño en Intensa-Mente; o los profesores de Monster University. Pero sin lugar a dudas el más importante, es Joe Gardner (Soul): el protagonista de la película de 2020. Joe es un profesor de banda en una escuela secundaria de Nueva York cuya pasión es el jazz. Su personaje está inspirado en el Dr. Peter Archer, un docente de música de la vida real que inspiró a numerosos estudiantes a seguir ese camino.

Por fuera de Estados Unidos, Studio Ghibli de Japón introdujo a la maestra de Satsuki en Totoro (1988), que permite que su hermana menor Mei se quede acompañándola en clase.

En la española Klaus (2019) introduce a Alva, una esforzada y esperanzadora maestra que vive a fondo la vocación docente.

En las series preescolares que se masificaron a fines de los 90 y en el nuevo milenio hay múltiples docentes reflejados desde un ángulo favorable. Por citar sólo algunos: de Canadá, la Sra. Anne Martin, maestra de “Caillou” (1997); de Inglaterra, aunque el personaje es francés, la señora Gacela de “Peppa Pig” (2005); de Rusia el Oso de “Masha y Oso” ejerce la docencia en un capítulo; y de Australia la maestra Calypso de “Bluey” (2018).

Por último, se destaca el aporte de Pakapaka, la señal pública infantil de Argentina. En su serie más conocida, “La Asombrosa Excursión de Zamba” (2010), que tiene a la ‘seño’ Silvia y a Sapucay, el veterano de Malvinas que se hizo maestro.

En otra de las series icónicas de ese canal público, “Minimalitos”, tiene un rol protagónico Cintia, siempre dispuesta a musicalizar las horas de clases. También la docente suplente en “Petit”, que aparece en un capítulo titulado “La maestra es una persona normal”, una idea que hace recordar al de Goofy de 1952.

Con este recorrido queda planteado que, a través de los dibujitos, muchas veces subestimados o dejados de lados de los análisis académicos, se puede pensar sobre lo que pasa en la aulas. La burla corrosiva a maestros y maestras es una respuesta al autoritarismo en las escuelas así como los personajes más complejos y atormentados muestran el lado B de la vocación docente. A su vez, los referentes positivos que se destacan cada vez más en series y películas animadas son un indicio de que pese a todos los problemas, la docencia es inspiradora.

     EL AUTOR

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Tomas Eliaschev es periodista especializado en animación. Es editor en Télam y columnista en Pasaron Cosas (Radio Con Vos). Escribió en Indymedia, Dario Popular, Perfil, Veintirés, Rumbos, The Praxis Journal, THC, Dang Dai y Anfibia. Autor de "No Nos Callan Nunca Más" (ediciones CTP) y "Postales de Disney" (Clasco - UNL).