Mientras el gobierno nacional anuncia que trabaja en la “reconstrucción de los cimientos de la Educación” y elogia su Plan de Alfabetización, promete abocarse a mejoras en matemáticas, formación docente y darle más peso a las evaluaciones, mientras vuelve a insistir con el Proyecto de Ley de Libertad Educativa con el que viene amagando el gobierno de Javier Milei, desarmando ejes de la Ley Nacional de Educación que está cumpliendo 20 años. En medio de anuncios pomposos, siguen siendo materia de análisis y reflexiones los resultados que arrojó la última edición de las pruebas PISA, que mostró un retroceso en el desempeño de estudiantes de 15 años a nivel global, y para Argentina en particular.
Esos resultados fueron materia de debate en ámbitos académicos como la Cátedra de Especialización en Estadísticas e Indicadores Educativos de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) y la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE), que convocó a una discusión con los profesores Gabriela Diker y Axel Rivas. El director de la especialización, Leandro Bottinelli, conversó con Educación Debate sobre lo que dejaron estas evaluaciones, sobre las pruebas estandarizadas como herramienta e insumo, sobre la “muy grave” situación con matemáticas y sobre la oportunidad de “barajar y dar de nuevo” que implica la caída de la natalidad. “Es muy importante qué modelo económico y productivo tenga Argentina y qué lugar tenga el conocimiento en ese modelo. Cuanto más lugar tenga el conocimiento, más demandada va a ser la educación como generadora de ese conocimiento y más oportunidades de encontrar buena sinergia entre educación y sociedad vamos a tener”. Una oportunidad que se puede aprovechar o no, en tiempos de cientificidio.
"Si la mitad de los estudiantes en matemática termina el secundario sin alcanzar lo mínimo que el diseño curricular prescribe, es un problema grave."
Sobre el peso que tienen las pruebas estandarizadas para el país, el sociólogo e investigador en políticas educativas apunta: “Lo importante de los resultados es que muestran que los desempeños académicos en Argentina son insatisfactorios en términos absolutos. Si lo miramos incluso aislados de otros países, si la mitad de los estudiantes en matemática termina el secundario sin alcanzar lo mínimo que el diseño curricular prescribe, es un problema grave. Muy grave. Urgente. Y que tiene que conmovernos por la gravedad que tiene esto en términos de proyecto de país, en términos de derechos, de expectativas de familias y estudiantes. También cuando uno mira contra otros países de la región, con los que razonablemente Argentina puede compararse –como Brasil, México, Colombia, Uruguay, Chile- también vemos que los desempeños de Argentina están un poco por debajo. Hay ahí un llamado de atención que debería –sin caer en catastrofismos, decadentismos y en visiones sobre un supuesto pasado de oro- ayudar a conformar algún consenso respecto de la necesidad de alinear ideas en torno a problemas, y sostenerlas y financiar y planificar a nivel de cada provincia, pero también con una mirada articulada en lo federal y con una conducción nacional. Creo que ese sería un interesante uso de estos dispositivos: alinear visiones sobre el problema y sobre todo establecer algunas prioridades de planificación e inversión. Me parece que ahí está el punto”.
-¿Qué impacto considera que tienen las pruebas PISA en tanto reflejo del sistema educativo argentino? ¿En qué medida hay que tener en cuenta sus resultados como insumo para la definición de políticas educativas?
Parcialmente. Hay que tener en cuenta que PISA, a diferencia de otras pruebas, no está alineada a los diseños curriculares. No evalúa aquello que las escuelas o los países se proponen enseñar sino ciertas competencias, capacidades para resolver problemas o comprender textos de los estudiantes más allá de lo que los países definan en sus diseños curriculares. Esto no quita que esa medición refleje cierto estado de aprendizajes. Permite a la Argentina mirarse con relación a otros países y a los estudiantes de 15 años de otros países. Este me parece es uno de los puntos más interesantes, en particular, cuando uno mira otros países de América Latina, que son los que comparten nuestra realidad. Me parece que hay que tomar a esas pruebas como un insumo valioso para mirar al país y al estado de situación de la educación en el país, pero con estas precauciones respecto de que hay pruebas más pertinentes para entender al sistema educativo argentino, sus escuelas y lo que están logrando. Como Aprender y la prueba ERCE de Unesco, que se aplica en América Latina a nivel primario y está orientada a evaluar conocimientos que los propios países se proponen enseñar.
-¿Qué implica que –más allá de las particularidades argentinas- el retroceso haya sido global? ¿Qué factores se considera que están incidiendo?
-PISA se hace cada tres años y se advierten desde las mediciones de 2015 en adelante sucesivas bajas o descensos en los niveles globales de desempeño. El caso argentino es particular porque recién en 2025 se advierte una caída. Argentina había logrado sostener tanto en 2018 como en 2022 los indicadores, en niveles insatisfactorios pero sostenidos. Y en 2025 cae. A nivel de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se mencionaron profusamente en los análisis cambios culturales asociados al uso de la tecnología y su impacto cognitivo. La capacidad de análisis, de comprensión y sobre todo de atención. Que esa disrupción en la atención que producen sobre todo el uso de pantallas y la lógica de redes podría estar impactando. De todos modos, siempre hay que mirar otro tipo de información y complementar porque es una medición de un organismo con fines particulares y esta es una hipótesis de trabajo que hay que seguir mirando con otras fuentes.
-¿Cómo se analiza la reciente mejora en los resultados de Aprender y el retroceso en las PISA? ¿A qué pueden atribuirse los resultados opuestos?
-Esa mejora es para sexto grado. Toma al 2025 contra 2023, la medición anterior. La prueba PISA evaluó estudiantes de 15 años, en la mitad del secundario. La población no es la misma. Y los instrumentos son distintos. De todos modos, tenemos tres evaluaciones para mirar a lo largo del tiempo: PISA, ERCE y Aprender de Argentina. Uno mira las tres en conjunto a lo largo del tiempo y espera razonablemente que ciertas tendencias generales se puedan apreciar a través de distintas pruebas. Cuando esto no ocurre, surge alguna discordancia que se intenta interpretar de distintas maneras. En el caso de la última medición de Aprender hay una mejora muy marcada que plantea interrogantes. Hay que esperar otras mediciones, porque no se encontraron explicaciones sustantivas. El Gobierno la interpretó como resultado del Plan de Alfabetización, pero todos los analistas señalaron que no se podía atribuir a un plan que apuntó a mejorar lectura en primero, segundo y tercer grado en 2024 y encontrar mejoras marcadas en 2025 en sexto grado. Hay que esperar otras mediciones. No hay que olvidarse que las pruebas estandarizadas miden fenómenos complejos de medir. Capacidades, conocimientos. No es la edad de un estudiante, ni si repitió o faltó tantos días, que son fenómenos observables. En este caso son fenómenos subjetivos que no son fáciles de observar ni medir. Y mucho menos de medir a lo largo del tiempo. A veces hay dificultades en las mediciones. Por eso la importancia de mirar armónicamente las pruebas. Cuando una prueba tiene un resultado muy distinto a una tendencia general, no se descarta, se la deja como parte de los datos y se esperan otras mediciones para ver cuánto asidero tienen esos resultados o si pueden ser una anomalía.
"Todos recordamos hace algunos años el trabajo de divulgación que hacía Adrián Paenza con relación a la matemática."
-¿Qué análisis pueden hacerse sobre el retroceso sostenido en matemáticas y la obtención del peor resultado hasta ahora en esa disciplina?
-Sobre matemáticas hay pocas dudas. En todo el mundo a los estudiantes les va peor que en otras disciplinas. Hay un tema histórico, cultural, vinculado a la enseñanza, a los modos de abordar la matemática y otras cuestiones. Todos recordamos hace algunos años el trabajo de divulgación que hacía Adrián Paenza con relación a la matemática, que buscaba instalar esto como problema y también marcar la importancia de abordar la enseñanza de la matemática de formas renovadas. Hay también un debate sobre algunas cuestiones metodológicas. En cuanto a cómo se aplican las pruebas. Porque muchas veces hay que poner en juego el uso de ciertos cálculos o algoritmos que los estudiantes aprendieron dos o tres años antes de la prueba y que no siempre se ejercitaron a lo largo del tiempo. Está muy claro que esta diferencia de matemática con lectura ocurre en todo el mundo, pero en Argentina la brecha es muy grande. Por ejemplo en secundaria duplica la cantidad de estudiantes que quedan por debajo del mínimo en matemáticas con respecto a lengua. En matemática es muy claro que se han perdido capacidades y que hay una tarea fenomenal por encarar. El problema es que en general no se ha priorizado en las políticas educativas a matemática. Y sí a lengua. Esto tiene consecuencias porque los resultados no dejan de empeorar y sabemos las consecuencias que esto tiene en relación con el mercado de trabajo, con el acceso a ciertas capacidades que se vuelven cada vez más valiosas en los contextos actuales de la economía.
-¿Hay algún indicio a nivel local de que la baja de la natalidad se esté pensando o trabajando como oportunidad para la mejora del sistema educativo?
-La caída a la mitad en los nacimientos en 10 años en Argentina preanuncia que dentro de 15 años el sistema educativo va a tener aproximadamente la mitad de los alumnos que tiene hoy. Un sistema con diez millones de alumnos posiblemente en 2035-40 tenga cinco millones. Esto es un cambio de época para la educación. Porque después de 150 años en los que el sistema educativo creció y siempre tenía demanda de vacantes superior y desbordante en muchos casos, con cursos de más de 45 estudiantes, esta realidad cambió. La oferta educativa supera en muchos lugares a la demanda. El sistema lentamente va a ir adecuándose. Pero va a ser lento, porque el cambio es rápido y los reflejos no estaban preparados para este cambio. Los reflejos eran otros: expandir la oferta porque siempre había más necesidad de vacantes de jardines y secundaria. Esto por un lado tiene un aspecto crítico porque obliga a adecuar un stock de estructura instalada y esto es complejo. Pero también es planteado como una oportunidad, por esta idea del bono, o ventaja que da la situación de contar con una demanda menor en educación. Es una oportunidad. Lo que pasa es que hay que aprovecharla. Y si no hay objetivos, planificación, articulación entre niveles de gobierno y sectores –porque esto involucra también a infancia, a salud, a desarrollo social, a políticas de cuidado-, si no tenemos una buena articulación y planificación va a ser más difícil. Es un punto bisagra, una oportunidad de barajar y dar de nuevo. El contexto nos va a obligar a cambiar y esto debería favorecer una visión de los principales problemas, un consenso sobre cuáles son y cómo abordarlos, y una planificación para poder hacerlo a nivel federal. Es el momento para reunir estos problemas con la oportunidad y poder pensar si Argentina puede pegar un salto hacia delante en educación y que esto esté vinculado a un salto adelante en la economía y el modelo productivo. No hay posibilidad de pensar una mejora sustantiva de la educación si la economía no tracciona. Tenemos un problema ahí, claramente. Estamos analizando esto con una economía donde crece el trabajo informal, donde hay un escenario de estancamiento con necesidades importantes que atender, donde la inversión no acompaña. Desde el punto de vista de la articulación entre educación y sociedad, entre educación y trabajo, es muy importante qué modelo económico y productivo tenga Argentina y qué lugar tenga el conocimiento en ese modelo. Cuanto más lugar tenga el conocimiento, más demandada va a ser la educación como generador de ese conocimiento y más oportunidades de encontrar buena sinergia entre educación y sociedad vamos a tener. Está todo por hacerse.