En marzo de 2025 un chico de 14 años entró con un machete a la escuela e hirió a un compañero. Fue en Salta. En abril se difundió un chat entre alumnos de un colegio de Escobar que planeaban un tiroteo en el establecimiento. En mayo el gremio docente de Neuquén se movilizó para reclamar medidas al Consejo Provincial de Educación, tras una seguidilla de agresiones a profesores.
En junio dos estudiantes rociaron con gas pimienta a compañeras en una secundaria de La Plata. En julio se conocieron los resultados de un estudio del Observatorio Argentinos por la Educación entre alumnos y alumnas de sexto grado: el 56% dijo haber presenciado situaciones de agresión entre (alumnos) y tres de cada diez (34%) reconocieron haber agredido a un compañero o compañera.
En agosto, un adolescente de 16 años atacó a golpes a otro de 14. Fue dentro del aula, en una escuela de General RodrÃguez, provincia de Buenos Aires. En septiembre, una alumna llevó el arma de su papá –comisario- y permaneció atrincherada durante horas en una escuela de Mendoza. En octubre, una nena agredió con golpes y patadas a la directora de una escuela en Mar del Plata: la docente tuvo que recibir atención médica. En noviembre, dos maestras de una escuela de City Bell terminaron lesionadas tras intentar frenar una pelea entre chicos de quinto grado. En diciembre, familiares de una estudiante arrojaron agua hirviendo contra una docente.
No hubo momento del año que no tuviera episodios de violencia en las escuelas. En diferentes puntos del paÃs, entre estudiantes, contra docentes, en distintos niveles, con o sin participación de familiares u otros actores de la comunidad educativa. Los ejemplos abundan y las preguntas emergen: ¿aumentan los casos o siempre hubo pero se visibilizan más? ¿Tienen las y los docentes herramientas para lidiar con estas situaciones? ¿Se puede hablar de ‘violencia escolar’ o es violencia a secas, y se replica también en la escuela?
Preguntas en torno a una problemática atravesada por múltiples factores: la crisis socioeconómica, los alarmantes Ãndices de salud mental adolescente, la lógica de las redes sociales y sus implicancias, y más. Distintas voces en búsqueda de respuestas.
“La violencia existió siempre, el tema es qué hacemos con eso.”
“La violencia entre niños reproduce la violencia entre adultos. Estamos en un momento súper violento. No nos podemos sentar a debatir nada. Se están armando pequeñas sectas: juntarse con los que más o menos piensan como vos. Y cada vez nos estamos separando más de lo humano”, dice Daniela Valladares, quien desde 2012 integró los Equipos de Promoción de VÃnculos Saludables (EPVS) del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.
En noviembre pasado, esos equipos fueron desarmados y el personal pasó a integrar los Equipos de Orientación Escolar (EOE). Su desarticulación generó preocupación porque se ocupaban especÃficamente de cuestiones que hacen a la convivencia escolar, hoy tan atravesada por distintas formas de violencia. No se sabe, por caso, si se sostendrán los Consejos de Aula, espacios horizontales para el abordaje de situaciones difÃciles en el ámbito escolar.
“Lo fuerte ante los pibes es lo que hacemos como adultos, no lo que les decimos. Un presidente peleaba con un nene de 12 (en referencia al posteo de Javier Milei compartiendo una agresión contra Ian Moche, niño activista con autismo) ¿Qué esperamos de los chicos? Reproducen la violencia que ven todos los dÃas. La violencia existió siempre, el tema es qué hacemos los adultos con eso”, señala Valladares, psicóloga y durante muchos años docente de idiomas.
“En ese contexto el colectivo docente empezó a pensar qué herramientas tener para resguardarse.”
Marcelo Guagliardo estuvo al frente de la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN) durante casi dos décadas, hasta que se renovó la conducción hace pocos dÃas. Desde ese lugar opina que “la escuela no genera violencia. Parece un sÃntoma de época. La resolución del conflicto en la sociedad está en los malos tratos y en la violencia en sus distintas expresiones: fÃsica, verbal, escrache en redes sociales. No es que la sociedad se violenta contra la escuela, hay situaciones puntuales que irrumpen y alteran todo el funcionamiento institucional”.
En esa provincia generó preocupación una seguidilla de episodios violentos en mayo de 2025. “Fueron cuatro o cinco situaciones muy violentas, una de ellas con violencia fÃsica y una causa penal en curso”, detalla Guagliardo. En ese contexto el colectivo docente “empezó a pensar qué herramientas tener para resguardarse. Nos insultan, nos pueden pegar y no pasa nada. Pensábamos qué iniciativa polÃtica tener”.
A partir de esa inquietud se presentó un proyecto de ley provincial para tener mecanismos de prevención, involucrar a otras instituciones y establecer medidas ante las agresiones. AsÃ, el Plan de Protección Integral de los Trabajadores de la Educación (Ley provincial 3522) se sancionó en julio pasado.
Desde entonces ya hubo dos personas multadas con trabajo comunitario por haber ejercido violencia contra docentes. “Son familiares de estudiantes, que amenazaron e insultaron. No creemos que sea lo punitivo lo que pueda tener impacto favorable, sino lo otro: que se sepa que hay una consecuencia. Son violencias que tienen un impacto muy fuerte dentro de las instituciones”, remarca Guagliardo. Y asegura que desde entonces “las situaciones mermaron, aunque siguen siendo una preocupación”.
Desde Mendoza, el secretario general del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTE), Gustavo Correa, también habló sobre la necesidad de contar con herramientas especÃficas: “Estamos teniendo hoy muchas situaciones de violencia en las escuelas, y la comunidad está muy compleja en la relación con los trabajadores en general. Lo que estamos pidiendo es un protocolo que resguarde la integridad de nuestros equipos directivos, de los docentes y celadores, un protocolo que resguarde la integridad fÃsica y psÃquica. Está compleja la mano en la provincia y hay que tratar de imaginarse cómo hacemos para resguardar a los trabajadores”, habÃa apuntado en una entrevista con este medio, previa a las últimas elecciones sindicales.
En Tucumán la misma problemática dio lugar a la elaboración de la GuÃa Provincial para el Abordaje de Situaciones Escolares Complejas, un protocolo de actuación ante violencia en el aula. Susana Montaldo, ministra de Educación de esa provincia, dice a Educación Debate que esa guÃa “surge como una necesidad polÃtica y pedagógica profundamente vinculada al rol del Estado en garantizar condiciones de bienestar, cuidado y aprendizaje para las y los estudiantes”.
Una de las premisas sobre las que se apoya la guÃa es que “las escuelas no están solas frente a estas problemáticas: necesitan respaldo polÃtico, orientación técnica y una red de organismos que trabajen de manera conjunta”.
¿Qué se entiende por “situaciones escolares complejas”? Montaldo explica que “son todos los eventos disruptivos que ocurren en la institución escolar, o se relacionan directamente con ella, y que tienen el potencial de provocar sufrimiento significativo y sobrepasar las capacidades individuales o institucionales para su abordaje. Allà se incluyen todas las manifestaciones de malestar que requieren intervenciones cuidadosas y articuladas”.
Esto engloba un amplio abanico de situaciones, pero “existen factores comunes que atraviesan estas problemáticas: transformaciones culturales, fragilidad de los vÃnculos, diferencias socio-económicas, tensiones familiares, sobreexposición en entornos digitales y nuevas formas de expresar el sufrimiento emocional. Se trata, en todos los casos, de fenómenos multicausales, que interpelan a la escuela y ponen en evidencia la necesidad de fortalecer redes institucionales y territoriales”.
“ La mayor visibilidad no es un problema; es un avance. Implica que las escuelas no naturalizan la violencia y se animan a pedir ayuda.”
La guÃa se presentó en octubre, tras varios episodios que habÃan causado alarma a lo largo del año en Tucumán. En marzo un alumno de 14 años apuñaló a otro durante una pelea en una escuela de Acheral. En agosto un chico de 13 años terminó internado y en estado de shock tras recibir una golpiza por parte de sus compañeros en el aula. En septiembre causó conmoción el intento de suicidio de una niña de nueve años: según su familia tomó la decisión por el bullying que sufrÃa en la escuela.
“Siempre que se trabaja en favor de concientizar sobre problemáticas que quizás no se les daba la relevancia que merecÃan, nos encontramos con un aumento estadÃstico de esas problemáticas. No necesariamente porque sean más, sino quizás porque se interviene más”, sostiene la Ministra.
“La mayor visibilidad no es un problema; es un avance. Implica que las escuelas no naturalizan la violencia, que se animan a pedir ayuda y que la sociedad en su conjunto ha elevado el umbral de tolerancia frente a aquello que afecta la dignidad, la salud emocional y las trayectorias educativas de niñas, niños, adolescentes y jóvenes”, concluye.
LAS “MICROVIOLENCIAS” COTIDIANAS
“Las situaciones disruptivas como las que están en los medios son más marginales. No es algo permanente en la cotidianidad de las escuelas. Lo que sà hay son situaciones más leves, pero que uno puede ver ahà cuestiones de violencia, indistintamente entre estudiantes, docentes-estudiantes, estudiantes-docentes, con las familias”, enumera un supervisor de un distrito del conurbano bonaerense, que prefirió mantener su identidad en reserva.
Define a esas violencias cotidianas como “microviolencias” que pueden darse, por ejemplo, “cuando un docente discrimina a estudiantes”. Ese tipo de situaciones, distintas a las peleas violentas que llegan a los medios, pueden estar en la etapa previa de episodios de mayor magnitud. “Después tal vez explota con alguna situación más violenta, fÃsica, pero es difÃcil de entender o de explicar sin analizar todo lo anterior”.